¡A la carga (de gas, claro)…!

“Mi coche no enfría, ¿le hace falta gas?”... Matías Ortigosa, el espía de La Comunidad se hace el ‘loco’ en su última misión... Visita a varios talleres preguntando si es necesaria una carga de gas para el aire acondicionado en su coche. Sorprendente lo que se encuentra...

Color detail with the air conditioning button inside a car

“No están para dar lecciones…”

Cuando empezaba el calorcito, allá por el mes de abril, Norauto enviaba un comunicado a los medios alertando de la proliferación de ciertos gases refrigerantes no homologados. En la versión web de este periódico (lacomunidaddeltaller.es) informábamos de ello y citábamos a la cadena de autocentros como fuente. Hasta ahí todo normal.

En la noticia empezábamos: “Trabajar con gases no homologados puede poner en peligro a los ocupantes del vehículo. Existe incluso riesgo de explosión en algunos casos…”. En el comunicado, Norauto decía: “Bajo la premisa de prometer precios bajos por este servicio, hay empresas que están ofreciendo una recarga del gas no homologado para el uso en vehículos y basado en hidrocarburos que son inflamables”.

El caso es que durante las semanas posteriores, algunos gerentes de talleres que son lectores de nuestro medio nos expresaron cierto malestar por la sombra de la duda que sobre ellos podría generar esta nota de Norauto. Uno de ellos nos dijo: “No están para dar lecciones”, refiriéndose a Norauto, a lo que siguió una sugerencia para que fuéramos a visitar algunos de sus autocentros y valoráramos el modo en que enfrentaban las cargas de aire acondicionado. “Ves allí diciendo que no te enfría, a ver qué hacen, qué te dicen, cómo te argumentan”, continuaba su ‘invitación’. Nos pareció una buena idea y cogimos el testigo.

Fruto de este debate llamamos a nuestro espía, Matías Ortigosa. Y le dijimos que fuera a hacer una prospección para conocer cómo se enfrentaban los talleres a esta operación. Cadenas de autocentros, talleres independientes, multimarcas adscritos a redes de talleres… Todos bajo la lupa. El resultado es el que podéis leer a continuación.

Empezamos…

Cuando llega el verano ya sabemos cuáles son las operaciones más demandadas en los talleres. Algunas, como la de la recarga del gas refrigerante, sólo se producen de hecho cuando los rayos del sol comienzan a asomar más de la cuenta. Un día, muy a primera hora de la mañana, mis compañeros de la redacción me llamaron para comentarme una posible temática para mi próxima misión (el porqué puede leerse más arriba en esta misma página). “Cuando vayas, les dices que crees que tu coche no enfría bien, que no sabes si es una sensación tuya o no. Les preguntas si es necesario una carga de gas refrigerante”, me explicaron. ¿Eso es todo?, les pregunté. “Sí, sí…”, contestaron. Y a ello me fui…

Puse sobre mi diana dos Norauto, un Midas, un Feuvert y dos talleres multimarca: uno independiente y otro perteneciente a la red SPG del grupo Serca. Todos en Madrid, en el Corredor del Henares. Lo que me encontré fueron tantas diferencias entre unos y otros que hasta tuve que llamar a una conocida empresa de formación de nuestro sector para preguntar cuál era el procedimiento… Atentos.

Sesenta euros y hablamos…

En el primer Norauto me dicen que hay que meter la carga “sí o sí”…

Antes de empezar la misión, como es lógico, debía conocer cuál era el estado de la carga de mi coche. Voy a mi mecánico de confianza y le cuento lo que estoy pensando hacer. “Ah, pues me parece muy bien”, me dice, antes de comentarme lo mal que le había parecido que Norauto sembrara, con aquella nota de prensa, una cierta duda sobre los talleres respecto a las cargas que hacen del gas refrigerante.

“No sé si sería su intención o no, pero el comunicado sonaba un poco raro”, añade, mientras arranca mi coche. Con el motor en marcha, cierra la puerta y deja en el interior de las rejillas por las que sale el aire una especie de termómetro. Le pregunto por ese cacharro tan curioso: “Dependiendo de cómo está la carga del gas, el coche enfría más o menos. Dependiendo de los grados que alcance sabremos si está en perfectas condiciones o si tiene un nivel bajo de carga. En ese caso, deberíamos hacer algunas comprobaciones porque esto puede deberse a muchas cosas. Sobre todo tratándose de un coche nuevo (que lo era), que no es normal que el gas baje tanto en tan poco tiempo”. Se refería a posibles fugas, problemas con algún componente…

Pasados unos minutos, abre la puerta y mira la pantalla digital del termómetro. Marca 4.7 grados. “Este coche enfría perfectamente”, me confirma. Pues nada, ya sabía lo primero que debía conocer para comenzar con mi misión.

Qué termómetro ni qué leches

Y de allí me fui a Norauto. El primero que vi desde que salí del taller. Ubicado en la vía Complutense de Alcalá de Henares (Madrid). Entro y le voy al recepcionista con mi cantinela: “Mira, es que tengo la sensación de que mi coche no enfría. Pero no sé si es una cosa mía, porque antes iba con un compañero de trabajo y a él le parecía que sí…”. Introduzco en la ecuación la opinión de una segunda persona para que exista una duda real, ya saben. Lo que quería era generar en el recepcionista la necesidad de comprobar si el coche enfría o no.
Empieza hablándome del filtro de habitáculo: “Si está obstruido…”. Y le digo que hice una revisión del coche hace no mucho y que ese filtro estaba cambiado. Elimino esa posibilidad, a ver si sigue con sus averiguaciones. “Otra posibilidad es que haya fugas”, continúa. Y le pregunto: ‘¿No hay ninguna manera sencilla de saber si el coche enfría o no?’. Y responde rotundo: “No, hay que conectar el coche  a la máquina y meter una carga. Ahí vemos si el gas que tenía era suficiente o si estaba bajo…”. Insiste en varias ocasiones en que “hay que meterle la máquina sí o sí”. Y le pregunto por cuánto: “La carga son 59 euros más IVA”. ‘¿Y si luego no era eso?’, vuelvo a insistir. Me dice que entonces ya verían qué solución se puede dar. Pero los 60 euros no parecía que me los fuera a quitar nadie…Y luego podrían poner la carga y cobrármela, o no, eso ya se vería. Pero en un primer momento la opción que me dio fue la de soltar la ‘guita’ sin tener muy claro que fuera necesario.

Me pareció un poco extraño, la verdad. Y entiendo que me lo dice de buena fe. ‘¿No puedes salir conmigo al coche para ver si enfría o no? Tú sabrás mejor que yo…’, vuelvo a preguntar. Y me niega con la cabeza: “No hay nada que podamos ver”.  Pues nada…

“¿Qué quieres?, ¿congelarte?”.A los dos primeros talleres independientes les basta con poner el termómetro en la rejilla…

Me voy un poco sorprendido del primer Norauto que visito. En mi taller de confianza, al primero que había ido para comprobar si todo estaba en orden antes de empezar la misión, les había sido muy sencillo decirme que no hacía falta una carga. Aquí sin embargo me decían que lo más seguro es que de los sesenta euros no me libraba ni el tato. La diferencia era cuando menos chocante. De este modo, decido visitar otro taller, en este caso independiente. Talleres Ramón, también en Alcalá de Henares. Cuando entro veo las instalaciones hasta arriba de coches. Un señor me ve al entrar y rápido se acerca a preguntarme. Según le digo lo de si enfría o no se va directo a por un termómetro.

Le dejo bien claro que en caso de necesitar la carga le voy a dejar el coche, para meterle el ‘gusanillo’ todo lo posible. Enseguida me mira y me da su diagnóstico: “Esto enfría muy bien y muy rápido”. ‘¿No hace falta hacerle una carga?’. “Ibas a tirar el dinero. Todo va bien. Estate tranquilo que este verano vas a estar fresco…”, bromea. La verdad es que el tipo me miraba un poco incrédulo porque al poco de poner el aire acondicionado a todo trapo, en el coche no había quien estuviera. Faltaban los pingüinos.

En el taller SPG (Maurazos): “¿Qué quieres?, ¿congelarte?”. Se ríe y me tranquiliza: “No te preocupes, a veces uno tiene esa sensación porque los coches al sol en esta época cogen mucha temperatura, pero tu coche funciona perfectamente”

Le doy las gracias y con las mismas me voy a un taller muy cercano. Apenas a 500 metros. En este caso se trataba de un SPG (de Serca), Talleres Maurazos. Le cuento y le pregunto: ‘¿Se puede ver si necesita carga?’. Y me responde: “Lo que puedo ver es si enfría bien, a partir de ahí en caso de que no sea así, habrá que ver los porqués…”. Me pareció lógico.

Enciende el coche (que ya venía fresquito del anterior taller) y pone el aire. Al poco más de minuto y medio ya tenía apenas 5 grados. Me mira y me dice: “¿Qué quieres?, ¿congelarte?”. Se ríe y me tranquiliza: “No te preocupes, a veces uno tiene esa sensación porque los coches al sol en esta época cogen mucha temperatura, pero tu coche funciona perfectamente”. Un tipo muy simpático que antes de marchar me llama la atención sobre los neumáticos: “Los tienes muy desgastados”, asegura. Eso ya lo sabía yo, pero me hago el sorprendido. El caso es que aquel detalle, que aprovechara una visita para hacer una recepción activa con un simple vistazo me pareció un buen detalle.

Primero como comercial, chapeau. Y segundo porque era cierto que necesitaba cambiar las cubiertas. Dos talleres multimarca y dos experiencias clavadas. Muy diferentes a la vivida por cierto en el primer Norauto. Sigo con la misión…

El termómetro de la discordia: Norauto, Feuvert y Midas para terminar…

Con dos vivencias tan parecidas, con dos talleres en los que con poner el termómetro les había valido para decirme que no era necesaria ninguna carga de gas, lo que quería ahora era visitar algún otro autocentro. Empiezo por otro Norauto. También en Alcalá de Henares, pero esta vez fuera de la ciudad, en el Centro Comercial La Dehesa, en la A2 dirección Guadalajara.

Les comento: “No sé si mi coche enfría. Yo creo que no, pero hay quien me dice que sí… Igual es una sensación mía. ¿Habría alguna manera de comprobar si es necesario hacer una carga de gas refrigerante?”. El recepcionista me fue muy sincero: “Aquí solo metemos cargas o cambiamos obuses. Si hay un problema con el circuito o con algún componente del sistema tendrás que llevarlo a un taller que pueda hacer la operación”. Le pregunto que por qué y me dice que la simple razón es que no están preparados para hacer esas intervenciones (no especifica si por cuestión de equipamiento, por formación…). Ok, pues empezamos bien.

Le pregunto si puede venir al aparcamiento un momento para ver si el coche enfría correctamente. Me niega con la cabeza: “No podemos verlo. No existe ninguna forma de comprobar si el coche tiene suficiente carga. O al menos nosotros no la conocemos”. Le digo lo del termómetro: “Igual en otros talleres tienen esa fórmula, aquí ya le digo que no es posible”.

Bueno, pues nada. Le pregunto cuál sería el modo de proceder. Me lo explica: “Si enchufamos la máquina y detectamos algún problema en el circuito te cobraríamos 17 euros por hacer el diagnóstico. En ese caso, deberías llevar el coche a un taller que pudiera reparar lo que fuera necesario y luego podrías volver aquí y te cobraríamos la carga (59 euros) con el descuento del diagnóstico que ya pagaste anteriormente”. En total 42 euros.

“Aunque también puede ser”, sigue, “que la máquina no detecte nada, metamos la carga y al existir una fuga el gas termine por ‘escapar’ y te quedes sin él”. Todo confianza. ¿Y en ese caso? “Vuelves y la siguiente carga te la regalamos”. No sé si es lo correcto, pero me suena todo un poco extraño la verdad.

Llamada de ‘emergencia’

Me parecía tanta la diferencia entre las experiencias vividas en los dos talleres independientes y los Norauto que según me monté en el coche para ir dirección al siguiente taller (un Feuvert en San Fernando de Henares) llamé al gerente de una de las más conocidas empresas de formación del sector. Mi pregunta fue concisa: “¿Es posible que un taller sepa si es necesaria o no una carga de gas refrigerante sólo con saber la temperatura del aire expulsado por la rejilla al habitáculo?”. Y su respuesta fue rotunda: “Sí, de hecho es como suele hacerse. Existen parámetros técnicos para saber que cuando la temperatura del aire oscila entre unos grados la carga de gas refrigerante está perfectamente”. Pues eso, ya tenía la respuesta.

Más de lo mismo…

Durante la llamada llego a Feuvert. Me bajo del coche y voy al mostrador. La carga en este caso tiene un precio cerrado de 65 euros. Le digo lo mismo que vengo diciendo a todos los talleres. “No sé si enfría…”. El recepcionista me mira y me dice que no puede comprobarlo. Le pregunto si hay alguna manera de saberlo, aunque él no pueda hacerlo. La respuesta me sorprende : “Sí, con un termómetro. Entre los 4 y los 8 grados estaría enfriando correctamente”. ‘¿Y no lo puedes hacer? Tengo el coche aquí fuera en el parking’, intervengo. Y su respuesta me vuelve a dejar a cuadros: “No, aquí solo vaciamos el circuito y metemos carga. En caso de haber conectado la máquina y no ser necesaria la carga cobraríamos 10 euros por haber conectado la máquina al coche”. Menuda historia más rara… 

Y vuelvo. Supuse que si me había hablado de un termómetro igual tendrían uno: “¿Pero no tenéis un termómetro con el que me lo puedas mirar en un momento?”. Y su contestación volvió a dejarme pasmado: “Sí, los tenemos en el taller. Pero si quieres mirarlo tendrías que comprar uno y te aseguro que no te va a salir a cuenta”. Arrea…

Sigo tocando un poco las narices: “¿Y si al meter la carga os dais cuenta de que del 100% de la carga solo le hace falta el 10% del gas?”. No sé si la pregunta tenía mucho sentido, pero él tampoco se afanó demasiado en explicarme: “Da igual, sea la carga que sea el precio es cerrado”. Vamos, 65 euros.

Me voy perplejo de este Feuvert y cojo el coche dirección a Torrejón de Ardoz. Allí visitaría un Midas, en el que según entro y les explico lo que voy a preguntarles sacan el termómetro y lo colocan en las rejillas: “Así lo vemos en un momento”, me dice. Cuando llega el momento de ver a qué temperatura sale el aire se expresa rotundo: “Enfría perfectamente, yo no me preocuparía”. Y continúa: “De todos modos, si ves que en estos días, cuando el coche está en el sol, entras y no enfría suficiente o empiezas a tener algún problema lo traes, pero ahora mismo el coche está en perfectas condiciones. Te puedes ir de vacaciones tranquilo, que no vas a pasar calor en el viaje”.

La experiencia en Midas es diferente, pero a la vista de los acontecimientos, a mi humilde parecer, los autocentros investigados durante este reportaje deberían hacérselo ver. Ya no porque tengan un termómetro o porque quieran o no ver si enfría el coche correctamente, es una cuestión de confianza. Y a mí me han dado muy poca…

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