Cristian Rodríguez: pasión por un oficio

En febrero de 2020 se llevó a cabo la final nacional del Best Painter Contest de R-M, marca perteneciente a BASF, y el vencedor fue un joven pintor canario, de Telde, en Las Palmas de Gran Canaria. A sus 26 años (el concurso es sub-35) Cristian Rodríguez será nuestro representante en la final mundial que R-M celebrará en Francia. Un pintor especial, eso dicen quienes le conocen, con un enorme gusto por una profesión en la que a pesar de su juventud lleva ya años luchando por hacerse un hueco. Esta es la historia de quien nos representará en Francia, en el Mundial que R-M prepara para 2021. Un reportaje del último número en papel de La Comunidad del Taller.

En el fútbol, en el balonmano, en el baloncesto, en el tenis… en muchos de los grandes deportes tenemos nuestra ‘Roja’. Pocas cosas provocan tanta unión en nuestro país como la Selección. Y qué decir de Eurovisión, antaño todo un acontecimiento nacional. Pues bien, en nuestro sector también tenemos una ‘Roja’, un representante español en un certamen internacional que mide a nuestro país con otros 16 de todo el mundo. Sí, de todo el mundo. El evento es el Best Painter Contest de R-M, el concurso que la marca de pintura organiza periódicamente y que en 2021 cumplirá su 13ª edición. En febrero se llevó a cabo la final nacional y el vencedor fue un joven pintor canario, de Telde, en Las Palmas de Gran Canaria. A sus 26 años (el concurso es sub-35) Cristian Rodríguez será nuestra roja en la final mundial que R-M celebrará en Francia. Un pintor especial, eso dicen quienes le conocen, con un enorme gusto por una profesión en la que a pesar de su juventud lleva ya años luchando por hacerse un hueco. Esta es la historia de quien nos representará en Francia, en el Mundial que R-M prepara para 2021.

Ser de Telde, en Las Palmas de Gran Canaria, puede que no diga mucho de primeras. Pero lo cierto es que fue clave para que Cristian lograra llegar donde ha llegado. Porque en uno de sus primeros trabajos, en el taller Armas Motor, coincidió con quien antes que él ya representó a España en este particular Mundial de pintores. Otro canario, el pintor Jorge Padrón, aparece en la historia de Rodríguez varias veces durante la entrevista. Por cómo habla de él, podría entenderse que ha tenido una enorme influencia en su trayectoria, casi como si de un mentor se tratara. Su historia comienza con una pasión heredada…

Ser de Telde, en Las Palmas de Gran Canaria, puede que no diga mucho de primeras. Pero lo cierto es que fue clave para que Cristian lograra llegar donde ha llegado. Porque en uno de sus primeros trabajos, en el taller Armas Motor, coincidió con quien antes que él ya representó a España en este particular Mundial de pintores.

Casi ingeniero

Cuando se le pregunta por cuál es el motivo para dedicarse a su actual oficio, se remonta a los tiempos en los que su padre, siendo él muy niño, alimentaba también en su hijo una enorme afición por el automóvil. Y es que prácticamente una cosa llevó a la otra, porque aquella pasión hizo que su padre comprara un coche clásico, un Toyota Starlet, con la promesa de pasar a ser el coche de Cristian en cuanto este cumpliera los 18 años. Entonces tenía apenas 13…

No tardaría tanto Cristian en reflejar a través de ese mismo coche su pasión por el oficio. Y es que antes de poder conducirlo, ya quiso trabajar en él: “Con 16 años desarmé el coche con mi padre en el garaje para restaurar algunos problemas que tenía en la carrocería. Cuando hicimos los arreglos, y a falta de terminar el trabajo, pedimos a mi primo, que tiene un taller, que nos ayudara con la pintura y demás terminaciones”.

Un primo que le invitaría más tarde a dar un paso que a la larga resultaría fundamental: “Cuando acabé el Bachillerato (con casi 18 años) me dijo que si quería ir a ayudarle al taller”. Aquello encendió definitivamente la mecha en Cristian: “Era un momento en el que acababa el instituto, había hecho la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad, antes Selectividad, que superó con un 7,8) y debía decidir qué hacer. Casi con el tiempo justo para rellenar la solicitud de acceso, en aquel momento decidí estudiar el ciclo superior de Automoción”. Casi llega tarde: “Me dijeron que quizá no podría entrar, que era muy tarde y que sólo había dos plazas”.

Haber sido buen estudiante le sirvió para poder tener una de ellas: “Mi nota media en Bachillerato fue de 8,8. Hice el Tecnológico, pensando en orientarme hacia una ingeniería, pero cuando terminé no había ninguna carrera realmente dedicada al automóvil”. Y él tenía claro a lo que quería dedicarse: “El mundo del automóvil, eso era seguro”. Así que de matricularse en la universidad para estudiar ingeniería, pasó a trabajar en el taller de su primo (“barriendo, ayudando un poco al principio…”, cuenta sonriendo) por las tardes y a estudiar el ciclo por las mañanas.

Un paso que lejos de ser un problema, fue incluso un motivo de orgullo en su familia: “Gracias al apoyo de mi madre he podido dedicarme a esto. Siempre me ha ayudado. Ella me dijo que hiciera aquello que me hiciera feliz”. Y vaya si lo hizo…

“Mi nota media en Bachillerato fue de 8,8. Hice el Tecnológico, pensando en orientarme hacia una ingeniería, pero cuando terminé no había ninguna carrera realmente dedicada al automóvil”. Así que de matricularse en la universidad para estudiar ingeniería, pasó a trabajar en el taller de su primo (“barriendo, ayudando un poco al principio…”, cuenta sonriendo) por las tardes y a estudiar el ciclo por las mañanas.

Jorge Padrón

En el ciclo formativo se formó en todas las áreas del taller: mecánica, electricidad y carrocería. Pero desde muy pronto supo que lo suyo serían las pistolas: “Apenas llevaba unos meses en el taller de mi primo y yo ya quería pintar. Él me decía que qué prisa tenía, que él había empezado con 21 años a pintar sus primeros coches…”. Con apenas 18 años Cristian ya tenía las ideas claras. Y lo cierto es que a poco que se habla con él se entiende que es una persona especial, con un interés por formarse y crecer profesionalmente quizá fuera de lo común en un chaval tan joven. Esas cosas también marcan la diferencia.

Casi dos años después de entrar en el ciclo, llegaría el momento de hacer las prácticas. Y empezó en un concesionario Renault, aunque no estuvo allí ni un mes. Él no lo sabía aún, claro, pero recibió una de esas llamadas cruciales: “Un profesor del ciclo me dijo que en Armas Motor estaban buscando a alguien para cubrir una baja y que quizá allí podría quedarme una vez terminara las prácticas”.

La baja era la de paternidad de Jorge Padrón: “Llegué al taller y apenas había cogido una pistola. Tuve una enorme suerte de encontrarme con Jorge, alguien sin duda fundamental en mi carrera profesional desde entonces hasta ahora. A su vuelta después de la baja, estuve con él casi ocho meses en los que aprendí muchísimo. Le agradezco mucho cómo se portó conmigo”. Un tiempo que lamentablemente terminó antes de tiempo. Y es que algunos problemas llevaron a Cristian a cambiar de trabajo: “Me dolió mucho porque con Jorge estaba aprendiendo un montón. Cuando tuve que salir del taller me sentí un poco frustrado, en cierto modo pensé que estaba en el momento de aprender y que aquel era el lugar perfecto”.

Con apenas 18 años Cristian ya tenía las ideas claras. Y lo cierto es que a poco que se habla con él se entiende que es una persona especial, con un interés por formarse y crecer profesionalmente quizá fuera de lo común en un chaval tan joven. Esas cosas también marcan la diferencia.

Buscando su sitio

De Armas Motor pasó a un concesionario Mercedes, donde una mentira piadosa con el que por entonces era su jefe le permitió seguir creciendo: “Yo llegaba de ayudar a Jorge, de pintar piezas, pero no coches completos. Mi jefe me preguntó si lo había hecho alguna vez y yo le dije que sí. Tenía que ganarme el puesto”, sonríe… Tenía 21 años.

Al poco de entrar, despidieron a su compañero y se quedó sólo como pintor: “Fue una gran escuela para mí. Estuve solo y me tuve que buscar la vida. Aprendí mucho teniendo esa responsabilidad”.

Estaba contento, se encontraba en un buen momento profesional, pero un problema de salud apareció para tenerle durante algo más de un mes fuera de la empresa: “En ese periodo contrataron a otro pintor, algo que veo lógico”. Los problemas llegaron cuando se incorporó de nuevo al taller: “Me encontré con una situación muy desagradable: me decían que no pintara, que quitaron autoridad… Lo pasé mal”. Fue un momento complicado, que le llevó a estar el límite en lo personal. Un trance delicado entonces del que ahora asume que también se llevó un gran aprendizaje.

“Esta es una profesión muy bonita porque siempre tienes algo nuevo que aprender: nuevos productos, nuevas técnicas, nuevos sistemas… estás en continua evolución. Desde el principio quise crecer, me daba igual el dinero, lo que quería era afrontar retos que me hicieran mejor profesional. Lo que yo quería es pode decir con la boca bien grande ‘soy pintor’ y es lo que creo que he conseguido”.

El caso es que en ese mismo momento, por boca del pintor que entonces era compañero suyo, le llegó la noticia de que en Genial Auto, concesionario oficial Citroën en Las Palmas de Gran Canaria, buscaban un pintor. Sin más conocimiento de aquella empresa que el nombre de la persona de contacto -Antonio, recuerda Cristian-, fue a interesarse: “No dije nada en el taller donde trabajaba. Las cosas no estaban bien y quise buscar una salida. Fui a Genial Auto, pregunté por Antonio y le di mi currículum. Me hizo una entrevista, pero me dijo que se aunque estaban planteando incorporar a alguien, no era nada seguro. Ahí se quedó la cosa”.

La situación en la empresa no mejoró y Cristian terminó por marcharse a otro taller en el que apenas estuvo tres meses. Las cosas no fueron mucho mejores… No terminaba de encontrar su sitio.

Inconformista

Decidido como es él, al no ver las cosas claras –“me prometieron cosas que no cumplieron”-salió de aquel taller. No tardó en encontrar otro lugar en el que trabajar. Afortunadamente en este caso las cosas comenzaron a ir mejor.

Tan bien que, nueve meses después de entrar, su jefe le plantearía su primer gran salto: “Me dijo que quería que me quedara solo como pintor, que fuera yo quien llevara el área de pintura”. Una oferta nada despreciable teniendo en cuenta que por entonces apenas tenía 24 años. Pero el destino quiso que aquel no fuera su camino: “En ese momento me llamó Antonio, de Genial Auto. Hacía un año casi que había llevado el currículum y pensaba que ya no me llamaría, pero lo hizo. Lo que me propuso me gustó y me fui sin pensarlo porque sabía que allí, al ser un grupo grande, podría evolucionar. Además trabajan con R-M, lo cual era también un factor a tener en cuenta”. De nuevo las ganas de crecer de Cristian Rodríguez…

Sus ganas de progresar y la confianza en sí mismo han marcado su trayectoria profesional de desde el inicio: “Esta es una profesión muy bonita porque siempre tienes algo nuevo que aprender: nuevos productos, nuevas técnicas, nuevos sistemas… estás en continua evolución. Desde el principio quise crecer, me daba igual el dinero, lo que quería era afrontar retos que me hicieran mejor profesional. Lo que yo quería es pode decir con la boca bien grande ‘soy pintor’ y es lo que creo que he conseguido. Y es una satisfacción personal, porque aunque es un trabajo muy sacrificado, me encanta la sensación de haber acabado un coche, dejarlo perfecto, y saber que ese trabajo lo has hecho tú. En mi trabajo actual, aunque siempre hay cosas que aprender, siento en cierto modo que estoy empezando a llegar al límite y eso hace que vuelva a tener la vista puesta en nuevos posibles retos”. Inconformista por naturaleza…

Best Painter

Cosas de la vida, el destino quiso que en Genial Auto de nuevo Cristian Rodríguez retomara su relación profesional con Jorge Padrón. Ya no como compañeros en la cabina, sino siendo el segundo técnico del proveedor de pintura Timanfaya Color. Trabajar con R-M daba además la posibilidad a Cristian de cumplir el sueño de participar en el Best Painter Contest. Fue Jorge Padrón quien le avisó de que una nueva edición del concurso se ponía en marcha: “Me inscribí y rellené el formulario (la primera fase es un test online, del que salen los finalistas que compiten en la final nacional celebrada en febrero en la sede central de R-M en Guadalajara). Debo decir que aproveché la cercanía con Jorge Padrón para que también él me ayudara”, recuerda sonriendo.

Antes de la final nacional del Best Painter Contest se sabía preparado, así que no notó especialmente los nervios. Ni siquiera una vez ya hubo llegado al Refinish Competence Center de Guadalajara: “Estaba motivado y con mucha convicción de que podía hacer un buen papel. Lo tenía todo muy claro. Creo que eso influyó para que los nervios no me traicionaran”.

El caso es que fue uno de los seleccionados para la final nacional: “Madre mía, no podía creerlo”. Se lo contó a su madre, que no sabía ni siquiera que se había presentado. Y también en el trabajo: “Lo mantuve todo en secreto. Yo soy así: si tengo que dar la alegría la doy, si lo que tengo que dar es una amargura, prefiero guardármelo”.

En ese momento se puso a preparar a conciencia la final presencial que le mediría con otros tres pintores: Javier Rodríguez, de Carrocerías Javier (Cabarona, Asturias); Jesús Chivite, de Beola Motor (Navarra) y Pablo Fernández, de Economotors (Avilés, Asturias). Su jefe le dio todo el apoyo: “Me dejaba quedarme yo solo en el taller, cuando cerrábamos, para hacer pruebas y prepararme”. Algo de lo que dice sentirse de lo más agradecido.

Se sabía preparado, así que no notó especialmente los nervios al acercarse la final. Ni siquiera una vez ya hubo llegado al Refinish Competence Center de Guadalajara: “Estaba motivado y con mucha convicción de que podía hacer un buen papel. Lo tenía todo muy claro. Creo que eso influyó para que los nervios no me traicionaran”.

Carlos Checa, técnico formador de R-M en Andalucía, Extremadura y Canarias, afirma que fue sin duda esa ‘sangre fría’ una de las claves que marcaron la diferencia: “Cristian es un pintor especial. Tiene una gran implicación y un alto grado de responsabilidad. Cuando un profesional tiene esa actitud y esa forma de enfrentarse a su trabajo, sólo los nervios le pueden jugar una mala pasada”. Sabe bien de lo que habla Checa, ganador también del concurso nacional de R-M. Para la final mundial -en la que Checa participó en Milán en 2006-, pocos consejos cabe darle: “Que tenga el mismo aplomo que tuvo en Guadalajara. El despliegue que se hace allí, el entorno, pueden jugarte una mala pasada. La presión de saber que representas a España en una prueba así puede pesarte. Si eso lo supera, tiene muchas posibilidades de hacer un gran papel”. Asiente el propio Cristian Rodríguez con la cabeza: “Deberé controlar esos nervios”.

Por el momento, y a falta de concretar esa visita a Francia el próximo mes de junio del año 2021, Cristian ya ha cumplido un sueño: “Ya lo era estar en la final nacional, pero lo es aún más haber ganado. Es un orgullo. Cuando dijeron mi nombre me emocioné, se me saltaron las lágrimas. Hay mucho trabajo detrás. Ahora espero prepararme lo mejor posible para ir a Francia y culminar el trabajo con una buena participación en el Mundial del año que viene”.

Por ganas y dedicación no va a ser, eso seguro…

A falta de concretar esa visita a Francia el próximo mes de junio del año 2021, Cristian ya ha cumplido un sueño: “Ya lo era estar en la final nacional, pero lo es aún más haber ganado. Es un orgullo. Cuando dijeron mi nombre me emocioné, se me saltaron las lágrimas. Hay mucho trabajo detrás. Ahora espero prepararme lo mejor posible para ir a Francia y culminar el trabajo con una buena participación en el Mundial del año que viene”.

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