Donde nacen las grandes vueltas…

Vivimos la vuelta al Bidasoa ‘concentrados’ con el equipo ciclista Lizarte. Un reportaje de Carlos G. Pozo en el Nº 54 del periódico de La Comunidad del Taller.

Sentado en el asiento de copiloto de un Skoda, bajando el guipuzcoano monte Jaizkibel a cien por hora, apenas me daba tiempo a ver el color de los maillots que vestían los ciclistas que nos adelantaban casi volando: “Los nuestros están delante”, decía Juanjo Oroz a ‘Cacho’, el mecánico del equipo. Habían escalado como leones el puerto con el que prácticamente terminaba la segunda etapa de la Vuelta al Bidasoa y yo apenas podía creer lo que veía. Después de más de cien kilómetros, cuando la mente y el cuerpo están ya al límite, apretaban los dientes para subir las imposibles cuestas de aquel monte para, una vez coronado, bajar a una velocidad difícil de creer si no estás allí para verlo. ‘Qué par de…’, ‘ole sus…’, eran las expresiones que más pasaban por mi cabeza en aquel momento…

Bidasoa… El río da nombre a una carrera mítica

Era la segunda etapa de una de las más míticas vueltas amateur en España. Yo estaba allí porque al equipo ciclista Lizarte le había parecido bien la proposición que apenas diez días antes les había hecho. Durante los más de seis años que llevo en el sector, había visto que por ahí había un equipo ciclista que se llamaba igual que la empresa navarra especialista en recambio refabricado. Durante un tiempo me picó la curiosidad y les seguí. Vi que ganaban y ganaban… Un equipo ciclista top (en categoría sub 23, el paso previo al nivel profesional) con el nombre de una empresa de nuestro sector merecía un reportaje. Luego además supe que de allí habían salido grandes ciclistas como Joseba Beloki, Isidro Nozal, Andrey Amador… Hoy son el segundo equipo del Movistar Team.

De los 24 en plantilla, nueve vienen del Lizarte. No hay ningún otro equipo amateur que pueda decir algo similar. Sí, de ese que se podría equipararse al Real Madrid de fútbol. Nivel top. Llamé a Lizarte y me dijeron que se lo contara a su director deportivo, Juanjo Oroz, que desde el principio se mostró abierto a la propuesta. Y con ellos me fui… En Vera de Bidasoa (Navarra). Allí estaba el cuartel general del equipo mientras . El objetivo era vivirlo todo desde dentro: la concentración, el pre y post carrera, la cena, el ambiente, la preparación, los nervios…

El Lizarte es un equipo ganador que llegaba a esta prueba después de firmar su séptima (en la Subida a Urraki) y octava victoria de la temporada (la Clásica Xavi Tondo). De los integrantes de la plantilla, los elegidos para la cita eran siete: Sergio Araiz, Jordi López, Rubén Montoya, José Félix Parra, Carlos Ruiz, Ibon Ruiz y Nicolás Sáenz. Las etapas serían Irún-IrriSarri Land (104 km), Hendaia-Hondarribia (119 km), Orio (131 km) e Irún (78 km).

“¡Somos el Lizarte!”… Lo llevan con orgullo

Llegué al hotel y dejé las maletas. Lo hice justo antes de que tuviera lugar la charla previa a la primera etapa. Salgo a la calle para hacer algo de tiempo y coincido con Manolo Azcona, toda una institución en el ciclismo patrio, fundador del equipo AD Galibier (ese es el nombre original del Lizarte) allá por el año 1993. Se presenta y me ofrece todo lo que esté en su mano para que aquellos días fueran lo más agradables para mí. Mientras hablamos, al fondo, saliendo del coche rotulado con los colores de Lizarte, aparece Juanjo Oroz, actual director deportivo del equipo. Un ex ciclista profesional, corredor entre otros del Euskaltel, que desde 2014 se encarga de gestionar la trayectoria del equipo ‘rosa’ con sede en Orkoien (Navarra).

Venía del sorteo de los coches. Las posiciones de los vehículos que acompañan y dan apoyo a los corredores durante cada etapa se determinan por estricto orden de clasificación. El Lizarte suele ir de los primeros. Pero claro, antes de empezar, no hay ránking posible, así que se elige por sorteo. En el de esa mañana Oroz había sacado el número 19, el ultimísimo. Se reía al contárselo a Manolo, que debía ser que aquella no era la primera vez que les pasaba.

Charla de EQUIPO

Oroz se dirigía a la habitación del hotel donde se reuniría con los corredores para dar la charla previa a la carrera. Me invita a subir y le digo que sí. Vamos juntos por las escaleras y al llegar a la habitación lo que me encuentro me sorprende. Quizá es raro decirlo, pero ver a esos siete chavales (ninguno tiene más de 21 años. El que menos 19) allí sentados esperando me causó cierta impresión. El deporte de alto nivel conlleva un trabajo en la sombra que a veces es difícil de imaginar. Se renuncia a mucho, pero se hace con gusto porque lo que hacen es luchar por un sueño. El suyo es verse en el pelotón de las grandes vueltas. La del Bidasoa es solo un paso más en esa escalada, nunca mejor dicho… Tanto esfuerzo, tanta dedicación, tanta disciplina, siete chavales con edades para hacer otras muchas cosas y sin embargo su elección era estar allí.

Sentados, mirando a Juanjo Oroz con una mirada de concentración impropia de su edad. Todo es impropio de su edad, la verdad, pero quizá por eso la élite en este deporte está reservada para unos pocos elegidos que son, por definición, impropios de la edad que tienen. Y mientras pensaba en eso, escuchaba a Oroz.

La mirada de todos los chicos tenía también algo de admiración. Su director deportivo había logrado llegar donde ellos aspiran, por eso toman precisa nota de todo lo que les dice. En esa charla, Oroz hace un repaso por lo que debe ser la carrera, lo que deben evitar y cómo hay que afrontarlo prácticamente todo. Está más o menos todo previsto, aunque lo cierto es que también les da mucha libertad para que decidan qué hacer según se vaya dando la cosa. Esa libertad y la capacidad de decidir tienen que ver mucho con su formación, que no deja de ser el objetivo por el que todos están allí al fin y al cabo.

Antes de terminar hace mucho hincapié en la importancia de permanecer juntos durante la etapa, destacando el valor que tienen como grupo. “Ayudaros, somos un gran equipo. Echaos una mano siempre, hablaros durante la carrera…”, les decía. “¡Somos el Lizarte!”, terminaba de arengarles. Los siete ciclistas asienten y se miran entre sí. Ya estaban conjurados…

Detalles de carrera…Hay cosas que alucinan

Antes de cada carrera, por la mañana, Oroz suele llevar a los ciclistas a que vean algunos de los tramos de la etapa. Al llegar al lugar donde comienza cada una, Cacho prepara las bicicletas. Las saca de la furgoneta y les da los últimos retoques. Mientras, Mikel pregunta a los ciclistas cómo se encuentran, prepara los botellines de agua y les da unos tupper con comida preparada específicamente.

Las caídas son el mayor de los temores. En el km. 15 de la primera etapa sucede… Qué momento.

Juanjo ronda por allí, habla con otros equipos, con la organización… y minutos antes de que los chicos se suban a su bici da junto a ellos el último repaso del plan previsto. Cuando todo está preparado, Oroz se sube en el coche. Él conduce. Cacho en la parte de atrás, que es donde van los mecánicos. Y el periodista de copiloto. La ‘Radio Vuelta’ emite lo que sucede a cada momento.  Dentro del coche se respira una extraña calma tensa. Lo que sucede ahí fuera es que decenas de chavales  están encima de una bici pedaleando a un ritmo brutal y jugándose el tipo. Las caídas  son el mayor de los temores. En el Km. 15 de la primera etapa sucede… Qué momento.

Al principio nadie sabe si alguno de los suyos está implicado, aunque en un primer momento es lo de menos. Lo que se espera es que no haya sido grave. La radio anuncia la caída y enumera los equipos a los que pertenecen los corredores implicados. Al escuchar que Nicolás Sáenz, uno de los nuestros, está en el suelo, Oroz frena en seco. Cacho sale corriendo con una rueda en la mano. Vuelve: “Tiene un golpe fuerte en la cadera”. Juanjo Oroz acelera en busca del ciclista, que ya pedalea a un ritmo difícil de creer tras una caída como la que había tenido. Le pregunta qué tal está y le dice que bien… Lo que hace la adrenalina del momento.

En cuestión de pocos minutos, y casi de forma milagrosa, Nicolás Sáenz se había reenganchado al pelotón. Parecía que iba en moto. Increíble pero cierto. Oroz y Cacho también estaban sorprendidos, así que aquella arrancada del ciclista colombiano del Lizarte debió ser de esas cosas que no suelen verse de forma habitual.

Piloto de carreras

Subido con ellos en el coche para seguir el desarrollo de la vuelta hay algo que llama la atención por encima de cualquier otra cosa. ¡Qué difícil es conducir en carrera! Entre los que lo hacen tienen sus códigos, su claxon por aquí, sus luces largas por allá, sus adelantamientos, su volver al lugar que debes ocupar… Si un ciclista se queda descolgado, el coche de su equipo le lleva hasta el pelotón. Acelera y el corredor aprovecha el rebufo. Da miedo verles.

Pero lo que más alucinante me pareció fue bajar en el coche el puerto de la segunda etapa. El monte Jaizkibel tiene su miga. Al comienzo, según empieza la subida, ves a los ciclistas apretar los dientes sin dejar de pedalear. Después de cien kilómetros, afrontar ese puerto es de tener superpoderes. Según subimos con el coche, adelantamos a corredores de todos los equipos, pero ninguno del Lizarte. Son buenas noticias. Subimos y subimos sin ver a ninguno de los rosas. Nos da esperanzas de que los nuestros estén delante. Cuando coronamos con el coche, las vistas son impresionantes. La carretera serpenteante estaba al filo de una enorme ladera que terminaba en el mar Cantábrico. Imagínense. Sin mucho tiempo de contemplar nada, empieza la locura.

Lo que más alucinante me pareció fue bajar en el coche el puerto de la segunda etapa

Según inicia la bajada, los ciclistas se reclinan sobre el manillar y se lanzan por aquellas curvas a cien por hora. Nosotros con el coche íbamos a la misma velocidad, pero con la dificultad que tiene frenar, tomar las curvas, esquivar los otros coches y no estorbar a los corredores, parecía increíble que allí nada pasara… Los ciclistas pasaban como centellas, los coches se apartaban como podían en aquella carretera de montaña que realmente daba para lo que daba. Yo miraba a Juanjo Oroz y él parecía tenerlo controlado.

Se reía cuando se lo decía: “Exigimos al coche; nos hacen falta unos buenos recambios”, bromeaba. Cacho atrás iba en su salsa. Tienen todos su punto de locura, admitámoslo. Pero visto desde dentro, entiendo que esto les enganche hasta el punto de dedicar cada uno de ellos prácticamente su vida a este deporte. Es una pasada.

Y a los chavales les ves sufrir y aun así disfrutar. El ciclismo tiene mucho de ambas cosas. El talento es importante en este deporte, pero tanto como la actitud: “Sin talento es imposible”, me explicaba el director deportivo, “pero el ciclista que no tenga cogido el método de trabajo y la disciplina es imposible que llegue a profesional”. Sabía bien de lo que hablaba.

Más que un patrocinador… Implicación total

Como muchas de las grandes historias, la del equipo ciclista Galibier con Lizarte empezó por pura casualidad. En 1993 nace el equipo, y desde el principio cuentan con corredores importantes que les hacen estar en lo más alto del ciclismo amateur. Aquello llama la atención de diferentes patrocinadores, hasta que en 2006 firman con Lizarte. Una empresa con la que desde entonces la conversación es de lo más fluida: “No entendería que la marca nos diera un dinero y se desentendiera.Si vamos por caminos diferentes no tiene ningún sentido”, explica Juanjo Oroz.

Con la empresa navarra no es así: “El diálogo es fluido y su apoyo incondicional. Álvaro Armendáriz, el jefe de Administracion, está siempre pendiente y la verdad es que es todo un placer que nos apoyen del modo en que lo hacen”. Fue de hecho con Armendáriz con quien coincidió Manuel Azcona casi al inicio de una temporada en la que se había quedado sin patrocinador. De casualidad, visitando una de las muchas empresas que visitaba, pero con el agua al cuello… Sin patrocinador todo se complicaba. Pero en aquel momento se juntó que Armendáriz es un amante del ciclismo y que a la empresa navarra el patrocinio le cuadraba.  Así lo cuenta el director general de Lizarte, Óscar Huarte: “La gente me habló
muy bien de Manuel Azcona y yo he podido comprobar después que es un gran profesional y muy buena persona, y si encima se juntan unos buenos resultados es absurdo no continuar.

Sientes que le devuelves algo a la sociedad, y es gratifi cante ayudar a los chavales a cumplir con su ilusión sirviéndoles de trampolín al mundo profesional. Además de que salir por las carreteras de Navarra y ver a mucha gente en bici con el maillot de Lizarte te produce una gran satisfacción”. Sin empresas que apoyen este deporte no existiría el ciclismo de élite. Por eso, sin temor a equivocarme, puedo decir que es aquí donde nacen las grandes vueltas. Donde se gestan los grandes triunfos y donde nacen las leyendas que después nos hacen vibrar a todos. Benditas canteras. Benditos ‘lizartes’…

El valor de lo humano

Durante los días que estuve con el equipo tuve tiempo de conocer un poco a los integrantes del cuerpo técnico. Aprovechaba la mañana, la tarde, y también la noche, que algún pacharán cayó después de cenar. Son un grupo fenomenal.

Mikel Paskual es el fisio. El encargado de hacer que las piernas de los ciclistas estén a punto para cada carrera y el que les ofrece además avituallamiento en alguna que otra esquina del recorrido. ¿Saben esos que están en las cunetas dando botes a los ciclistas durante las carreras? Ese es Mikel. Fue ciclista de los de proyección, podría haber pegado el ‘pelotazo’, pero diferentes situaciones le llevaron a tener que dejarlo.

José Ramón Cacho (Cacho) es toda una institución en esto del ciclismo amateur. Si no le conoces, no estás en el ‘mundillo’. Natural de Torrelavega, el ciclismo le apartó del mal camino en unos años en los que andar por el fi lo era lo más habitual. Fundó un club ciclista que contribuyó a echar una mano a muchos chavales que encontraron más placer en la bici que en la calle. Llegó al Lizarte hace unos años para ser el mecánico del equipo. Cuida las bicis, las pone a punto, las limpia, las revisa… Solo le falta hablar con ellas.

Manolo Azcona fue con quien empezó todo. Llegó a ser ciclista profesional, pero una lesión de espalda le apartó de aquel camino. Lejos de querer alejarse de este deporte, en 1993 fundó el AD Galibier. El nombre le vino en una de sus visitas al Tour de Francia: Galibier es un puerto de montaña ubicado al sur de Francia que suele ser el punto más alto de toda la prueba. Tanto le impresionó que cuando tocó ponerle nombre al equipo no hubo duda. Ha luchado mucho para convertir al Lizarte en el referente que es hoy en día, pero él siempre supo que podía hacerlo…

Juanjo Oroz fue ciclista del Euskaltel entre otros equipos, habiendo participado como profesional en diez grandes (Giro, Tour y Vuelta). “En el diccionario, para defi nir el término ‘ciclista’ podrían poner al lado la foto de Juanjo Oroz”, decía en 2014 un tuit del periodista Jesús Gómez Peña. Después de retirarse, en noviembre de 2014 se hizo cargo de la dirección deportiva del Lizarte. Un tipo muy humilde (pero mucho, mucho) y con un carácter perfecto para hacer lo que hace. Tratar con él fue un placer, de esas personas que da gusto encontrar.

En mitad de una etapa, le preguntaba el periodista por la posible infl uencia de su llegada sobre la gran marcha del equipo. Él le restaba importancia: “Que yo haya sido profesional no tiene ninguna importancia. Lo realmente relevante es que haya gente como Cacho o Manolo, que son auténticas instituciones, y que me lo han hecho todo muy fácil desde el principio. Para mí eso ha sido una bendición. Lo grande del Lizarte es el grupo que tenemos”.