El mercado ilegal de gas refrigerante R134a: así de fácil es comprarlo

Matías Ortigosa, 'El Espía' del periódico de La Comunidad del Taller, investiga en el número 59 la venta paralela de gas refrigerante R134a.

Tengo que decir que al comenzar esta misión no sabía muy bien dónde me estaba metiendo. Tampoco si llegaría a conseguir el objetivo. Sabía que en España se estaban produciendo importaciones ilegales de gas R134a, pero no sabía que era tan sencillo hacerse con una de estas bombonas. Con una o con las que uno quiera, vaya. Pero lo que realmente me ha sorprendido es la facilidad con la que cualquiera puede comprar una de estas bombonas, a precios irrisorios, sin impuesto y sin factura, sin tener que salir de nuestras fronteras. Sí, aquí mismo, en el mercado negro español. Todo bien sencillo. Ha sido alucinante. Porque es realmente fácil comprar R134a sin impuesto (de forma irregular, pero también de forma legal, que existe el modo, ya verán…), lo que después resulta más complicado si eres un taller y compras una de estas bombonas es librarte de las sanciones cuando llegue el Seprona. La conclusión a la que llego es que no compensa tratar de eludir la ley. Es mejor, como me dijo uno de los talleres a los que he preguntado durante mi misión, dejar de trabajar la climatización que hacerlo llevando a cabo este tipo de prácticas… Pero claro, allá cada uno.

Sin impuesto, sin factura y sin salir de España

Contacto con un vendedor ilegal a través de una conocida web de anuncios…

Empecemos por lo más alucinante. Me habían contado la historia de ese señor que va a la esquina de un polígono bombona de R134a en mano, recibe el dinero al contado y cobra el gas sin impuesto y, si así se lo exiges, también sin factura. Sabía el cuento, pero pensaba que para dar con él sería necesario caminar por sendas truculentas… ¡Qué va, hombre! A la primera lo encontré. Busqué en Google: ‘Comprar gas 134a sin impuesto’ y aparecieron varias páginas con ofertas. Entré en la primera que me cuadró y ¡bingo! De verdad, así de fácil. Escribo un mensaje explicando sin paños calientes lo que ando buscando. Pongo mi teléfono de contacto. Cuál es mi sorpresa cuando a los pocos segundos recibo un mensaje vía ‘WhatsApp’ de un número con prefijo extranjero preguntándome por la cantidad que quería de gas… Antes de que pudiera contestarle me estaba llamando. Descuelgo. Al otro lado del teléfono un señor con acento del este, pero en un perfecto castellano: “Quieres gas 134a. Yo tengo bombonas con certificado CE de 12 kilos, ¿cuántas quieres?”.

Quedo en decirle los kilos que quiero para cuadrar la entrega. Nunca jamás volví a contactar con él, claro. Realmente me dio mal rollo. Al colgar pensaba en la impunidad que él debía sentir para hablar tan claro de algo tan ilegal como lo que estaba haciendo sin saber quién estaba al otro lado del teléfono.

Le digo que no sé exactamente la cantidad y le pregunto que cuál sería la que podría venderme a lo que me contesta con una pequeña sonrisa, haciéndome ver que la cantidad no sería un problema. “Pero a ver, ¿tú de dónde eres?”, sigue. De Madrid. “Bueno, tendríamos que encontrar la forma. Yo estoy en Sevilla, pero lo solucionamos, encontramos la manera, no te preocupes”. Me pregunta si me hace falta factura y le digo que no. Adelante. Insisto en el tema del impuesto: “Es que lo que nos complica la vida es tener que pagar esos 21,45 euros, que sumados a los 22 euros que ya vale el gas…”, trato de introducir el tema. Me corta: “Sí, si conozco la ley. Nada, por eso no creo que haya ningún problema”, responde queriendo ir al ‘quid’ de la cuestión: “¿Cuántos kilos necesitas? Por el resto no te preocupes”.

Quedo en decirle los kilos que quiero para cuadrar la entrega. Nunca jamás volví a contactar con él, claro. Realmente me dio mal rollo. Al colgar pensaba en la impunidad que él debía sentir para hablar tan claro de algo tan ilegal como lo que estaba haciendo sin saber quién estaba al otro lado del teléfono. Luego hacía cuentas. Si hubiera comprado una de estas bombonas me hubiera ahorrado 257 euros (21,45 x 12 kilos). Y luego, siguiendo el hilo, hubiera podido ahorrárselo a mis clientes -en caso de ser yo un taller- o hubiera podido cobrarlo en factura, con el rendimiento económico que esto hubiera podido suponer… En fin, todo muy feo y todo muy turbio. Pero ahí está… Tan fácil como lo que les cuento.

El mercado negro

La asociación de instaladores de frío y calor CNI publicaba un informe en enero de 2019 en el que alertaba de una situación que podría estar detrás de casos como el que les cuento: “Cada vez son más los casos de denuncias de robos de refrigerantes. El mercado negro empieza a resultar tan lucrativo que los robos de gas están aumentando de forma alarmante. El gas robado entra directamente en el mercado negro para su posterior venta con o sin impuesto ni IVA a ‘precio convenido’. Algunas empresas de distribución de gases fluorados han dado instrucciones concretas a sus depósitos para evitar tener stock de gases fluorados con el consiguiente retraso en el suministro”. Pues eso.

¿El taller como importador? Mejor que no

Es posible, pero realmente no es interesante si se quiere hacer de forma legal…

El siguiente paso era saber cómo de sencillo me resultaría comprar R134a fuera de nuestras fronteras. Para ello busqué en internet y di con dos posibles proveedores. Uno en Bulgaria y otro en Italia. El primero ofertaba en su página web bombonas de diferentes tamaños. Traté de comprar la de 12 kilos. El precio, 260 euros, prácticamente justo el precio del gas sin el impuesto. Los requerimientos son nulos, es decir, lo puede comprar un taller igual que un particular. En la responsabilidad de cada uno está después el uso que se haga de este gas. La compañía italiana, de hecho, en un mail me comentó de forma literal: “Tenemos muchos clientes en España. Por lo que se refiere a los impuestos sobre gas fluorado (aplicadas en algunos países) la ley europea/CEE (en la que basamos nuestras ventas) no prevé impuestos sobre los gases fluorados. Sugerimos al cliente que pregunte sobre las leyes locales antes de comprar. “Nuestro precio es final”. Les respondo en otro mail que soy un taller, para ver si de este modo me confirman que debo realizar algún trámite en la compra, o enviarles algún tipo de documentación. Y su respuesta fue la siguiente: “No necesitamos ninguna documentación particular. Pero necesitamos su NIF / CIF para la facturación”. Claro meridiano.

En el momento en que el taller compre una de estas bombonas se convierte en importador y por tanto en productor del gas. En este caso, lo que debe hacer es acreditarse como tal, gestionando para ello la Tarjeta CAF (Código de Actividad de Gases Fluorados) –y los trámites son realmente complejos-.

El CAF

Es decir, ellos lo que hacen es vender un producto, y además de forma intracomunitaria, por lo que poco más deben hacer que facturar el pedido y cobrar a su cliente. Hasta aquí ok. El  problema puede llegar cuando el taller vende este gas, por medio de las cargas de los sistemas de aire acondicionado en los coches de sus clientes. Y es que en el momento en que el taller compre una de estas bombonas se convierte en importador y por tanto en productor del gas. En este caso, lo que debe hacer es acreditarse como tal, gestionando para ello la Tarjeta CAF (Código de Actividad de Gases Fluorados) -y los trámites son realmente complejos-. Esto sirve básicamente para no tener que pagar el impuesto en origen (en este caso a las empresas que les han vendido las bombonas), pero sí repercutirla a sus clientes, siendo los propios talleres en este caso quienes hagan de recaudadores de este impuesto para Hacienda, con todo lo que eso conlleva en relación a las declaraciones cuatrimestrales de este impuesto, a la transparencia fiscal que es exigida y a los continuos controles por parte de la Administración del gas que se compra, vende o ‘stocka’ en el negocio.

La tarjeta CAF es un documento que algunos distribuidores, proveedores de este gas en los talleres, han tramitado. Otros no lo han hecho, es opcional. ¿Por qué unos sí lo sacan? Porque con el CAF no se paga el impuesto al proveedor (al fabricante del gas, por ejemplo), siendo el propio distribuidor el que se hace cargo de cobrar el impuesto al taller y declararlo cuatrimestralmente en Hacienda. Evitan digamos un desembolso inicial y esto es interesante para aquellos que manejan un volumen muy importante. El resto suele pagar el impuesto al fabricante del gas, repercutiéndolo luego al taller y dejando la responsabilidad de declarar este impuesto a su proveedor. Las dos formas son correctas.

En España la Agencia Tributaria recaudó 128 millones de euros por este impuesto. Y las cuentas no les salen (preveían ingresar 400 millones de euros), así que es previsible que no tarden demasiado en ver dónde está el fallo (ya se ha planteado de hecho llevar a cabo un modelo muy parecido al 347 del IVA).

¿Merece la pena que el taller importe y gestione el CAF? Después de consultar a la patronal de talleres Conepa sobre la cuestión, su respuesta es meridiana: no. “Recomendamos que compren siempre a un recambista y que el gas siempre venga con impuesto”. Y lo mismo pienso yo. Aunque, siendo francos, el taller que busca en internet una empresa italiana para comprar gas R134a no lo hace con la intención de llevar a cabo estos trámites.

Comenzaron las sanciones

Pero hay que saber que por ahorrar unos euros a sus clientes, o ganar algo más de margen con las recargas, pueden estar incurriendo en un delito con muy graves consecuencias. En España la Agencia Tributaria recaudó 128 millones de euros por este impuesto. Y las cuentas no les salen (preveían ingresar 400 millones de euros), así que es previsible que no tarden demasiado en ver dónde está el fallo (ya se ha planteado de hecho llevar a cabo un modelo muy parecido al 347 del IVA). Recientemente se ha realizado por parte del Seprona una operación en la que han descubierto una gran importación en España de este gas y su posterior venta de forma ilegal. No hace falta decir que las multas son realmente para andar con ojo… La Agencia Tributaria maneja posibilidades, pero, a decir verdad, se están viendo ahora inspecciones que antes eran impensables. Y las sanciones han comenzado…

A mí no me pillan

Lo más común es pensar aquello de ‘a mí no me pillan’. Y es difícil, realmente, sobre todo cuando se produce una importación intracomunitaria (entre países de la UE), porque el producto no pasa por aduana. En cualquier caso, me contaba la responsable del mercado de automoción de una enorme empresa distribuidora de gases refrigerantes en España, que la Administración (española y europea) lleva un meticuloso registro de las empresas que comercializan estos gases. De modo que no tienen más que seguir el registro de la factura (siempre que la haya, claro, y lo normal es que la haya) de la empresa exportadora. Italia, Bulgaria o la que sea. Si el tráfico de la bombona se produce de países extracomunitarios como Rusia o China, dos de los más extendidos, la cosa es más sencilla (aunque después de los tratados firmados por el gobierno español, en los que se facilitaba el comercio con algunos de estos países, el control también se ha complicado un poco). Era la responsable de este tema en la patronal de talleres Conepa quien me lo explicaba: “Cuando se realiza una importación de un producto sujeto a alguna fiscalidad, esto queda registrado en la aduana, de tal modo que las autoridades pueden requerir al comprador, el taller en este caso, para que acuda a la oficina y acredite que está haciendo todo lo necesario para cumplir con sus obligaciones en materia tributaria”. Vamos, que a su entrada queda reflejado. Y si por un casual el taller no es requerido en este momento, en caso de estar cometiendo una irregularidad siempre puede ser descubierto por el Seprona en cualquier inspección. Sin contar, claro, con una reclamación de un usuario… Un taller que trabaje con un gas R134a en condiciones ‘oscuras’, por llamarlo de alguna manera, se arriesga a una pena que no justifica para nada el riesgo que se corre. Pero eso es decisión de cada uno, claro.

Compraventa entre ‘particulares’

Es muy fácil encontrar anuncios de gas R134a de dudosa procedencia a precios realmente bajos

Igual de fácil que encontrar empresas que me vendieran el gas desde fuera de nuestras fronteras (lógico, al ser un proceso legal) fue hallar anuncios, muchas veces de particulares, que ofertaran bombonas de gas a precios irrisorios en algunas de estas conocidas páginas de anuncios. ¿Es legal? El RD 115/2017 (el que rige los gases fluorados) estipula de forma clara cuál es la figura de un distribuidor de gas fluorado: “Persona física o jurídica que vende o cede gases fluorados, a otro distribuidor o a un tercero para su uso”. Y en estas últimas tres palabras podría estar la clave: ‘PARA SU USO’. Porque en una reventa de este tipo de gas en la que no existe manipulación podría no haber obligatoriedad en el vendedor de exigir documentación alguna…

 

Y digo podría porque ninguna de las voces autorizadas consultadas en el sector -patronales, fabricantes, distribuidores…- me ha sabido dar una respuesta tajante respecto a si este tipo de venta es legal o no, aunque realmente tampoco es relevante para el tema que nos ocupa… En caso de no contar con la tasa y ser legal esta transacción, el taller debería igualmente (y digo igualmente, porque es lo mismo que sucede en el caso de ser el taller importador del gas)- repercutirla en factura y recaudar el impuesto para declararlo cuatrimestralmente en Hacienda. Así, en caso de ‘revenderse’ este gas por medio de una de estas páginas, lo que haría el ofertante no es más que ‘pasar la bola’ al siguiente…

El RD 115/2017 (el que rige los gases fluorados) estipula de forma clara cuál es la figura de un distribuidor de gas fluorado: “Persona física o jurídica que vende o cede gases fluorados, a otro distribuidor o a un tercero para su uso”. Y en estas últimas tres palabras podría estar la clave: ‘PARA SU USO’. Porque en una reventa de este tipo de gas en la que no existe manipulación podría no haber obligatoriedad en el vendedor de exigir documentación alguna.

El caso es que en milanuncios, en wallapop, en eBay… en todas estas plataformas encontré ofertas para comprar gas R134a sin impuesto: unos anuncios eran más fiables que otros a primera vista (algunos realmente tenían pinta de recibir el dinero y después vete tú a saber), algunos desde España (solían ser los más sospechosos) y otros desde fuera… Súper sencillo.

Tan sencillo que por desconocimiento -no siempre se incumple la norma conscientemente- se puede incurrir en el delito. 13,6 kilos de R134a por 260 euros, 5 kilos por 160, 12 kilos por 250… todos precios finales. Un anuncio en wallapop aceptaba incluso intercambios… No sabía uno si echarse a reír o a llorar.

Y todo, tal y como me decía uno de los talleres que consulté durante esta misión, contando con que lo que te venden en la bombona sea realmente R134a y no otra cosa, que las  bombonas sean homologadas por la UE, y que por un problema con lo que se introduce en el vehículo no llegue un usuario reclamando…

Sanciones

Hasta el pasado 7 de diciembre, las infracciones contempladas en la ley, estaban sancionadas con las siguientes multas:

  • Las infracciones leves con multa de hasta 3.000 euros.
  • Las graves con multa de entre 3.000 y 90.000 euros.
  • Las muy graves con multa de 90.000 a 600.000 euros.

Sin embargo, a partir del pasado 8 de diciembre de 2018, a raíz de la modificación operada por el Real Decreto Ley 20/2018 de medidas urgentes para el impulso de la competitividad económica en el sector de la industria y el comercio en España, el importe de las sanciones ha pasado a ser bien diferente:

  • Las infracciones leves con multas de hasta 60.000 euros.
  • Las infracciones graves con multas entre 60.000 y 6.000.000 euros.
  • Las infracciones muy graves con multas entre 6.000.000 y 100.000.000 euros.

Así, según explicaba en una nota informativa EPYME (Asociación Provincial de Empresas Instaladoras de Sevilla), “el hecho de que en un certificado de instalación o mantenimiento se afirme que la instalación cumple normativa y, posteriormente, a raíz de una inspección o de un incidente en la instalación, se verifique que ésta no cumplía con algún aspecto de la normativa, que anteriormente hubieran supuesto una sanción de 3.000 euros (siempre que la sanción se imponga en su grado mínimo), pasarían a ser sancionadas con multa de, al menos, 60.000 euros”. Pues es desde luego como para pensárselo…

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