El nuevo impuesto al CO2 en Cataluña aumenta la carga fiscal de los conductores

Según Ganvam, este nuevo gravamen supone incrementar más de 1.000 euros la carga fiscal que ya soportan los conductores durante aproximadamente los nueve años de tenencia del coche por un mismo concepto.

El nuevo impuesto sobre las emisiones de CO2 en Cataluña, todavía pendiente de aprobación, puede tener consecuencias en la carga fiscal de los conductores. Y es que, según Ganvam, esta puede incrementar un 100% durante los años de vida del vehículo.

Este nuevo impuesto -que gravará a todos los vehículos en circulación en Cataluña en función de sus emisiones de dióxido de carbono- supone aumentar 1.000 euros la carga fiscal que ya soportan los conductores durante aproximadamente los nueve años de tenencia del coche por un mismo concepto, tal y como aseguran desde la asociación en referencia al anteproyecto de ley de modificación de la Ley 16/2017 del Impuesto sobre las emisiones de CO2 de los vehículos de tracción mecánica elaborado por la Generalitat de Catalunya.

En 2018, se matricularon en Cataluña 198.699 vehículos, de los cuales el 32,4% liquidaron una cuota media de 923 euros por vehículo en concepto de Impuesto de Matriculación, al emitir entre 120 y 140 gCO2/km, según datos de la Agencia Tributaria.

En este sentido, la asociación prevé que con este nuevo gravamen autonómico al CO2, el automovilista deberá liquidar tanto ese importe al matricular, como también entre 120 y 140 euros más anuales, en función de sus emisiones, lo que se traduce en una doble imposición.

Asimismo, como explica el director jurídico de Ganvam, Jaime Barea, “como no existe un censo ni una base de datos donde consultar las emisiones de CO2 de los vehículos sujetos a tributación, la seguridad jurídica que ofrece el impuesto es bastante débil y se puede producir la paradoja de que pague más un vehículo más moderno y que emite menos CO2. Quien contamina más, no pagaría más”.

Penalización a la actividad económica

Pero no sólo. La penalización a la actividad económica, el riesgo de impulsar la deslocalización de empresas y la fuga de matriculaciones hacia otras comunidades, pueden ser resultado de esta nueva fiscalidad, ya que no exime del pago a la totalidad de los vehículos ligados a actividades profesionales.

En opinión de Ganvam, este nuevo impuesto “rompe la unidad de mercado” y no permite garantizar que los automóviles afectados por el mismo serán los que circulen por Cataluña, sean o no sus empresas residentes en ese territorio.

De modo que la asociación defiende la anulación del anteproyecto y apoya la puesta en marcha de una reforma fiscal que permita gravar el uso y no la compra para no penalizar la entrada de nuevos vehículos en el parque, frenando su renovación.

Ganvam considera necesario una reorientación del Impuesto de Circulación para que se base en las emisiones en lugar de en la cilindrada y la potencia. Al vincularlo al CO2 y a la normativa EURO, con independencia de la tecnología que lo propulse, se asociará a la antigüedad del coche y por tanto, se establece un sistema de discriminación por el potencial contaminante del vehículo, ya que la EURO regula también las emisiones de NOX, azufre, partículas e hidrocarburos.