“¿Tiene futuro el taller de carrocería? Sí, pero hay que saber cómo”

José Luis Gata, responsable de Posventa en Solera (Audatex), respondía en la pasada Convención de Carrocería de Recambios Segorbe a la pregunta "¿Tiene futuro el taller de chapa y pintura?".

Y para hacerlo, como siempre en cada una de sus intervenciones, se apoyaba en numerosos datos. Empezaba hablando del parque. Del tipo de coches que circularán, pidiendo a la Administración neutralidad tecnológica: “Demonizar la combustión es un problema, porque están en juego muchos puestos de trabajo”, aseguraba, antes de afirmar que el futuro estará marcado por una convivencia entre multitud de tecnologías: gasolina, diésel, eléctricos, gas… No puede hablarse de una motorización ganadora, vino a decir.

Y seguía, haciendo una interesante radiografía del parque. Del actual, con 27 millones de vehículos: 6 millones con menos de cinco años, 4 millones de cinco a diez, 7 millones entre diez y quince y 9 millones más de quince… y del que tendremos en 2023, con un 22% de los primeros, un 19% de los segundos, 16% de los terceros y 43% de los últimos y más antiguos. Una franja, la de los coches de más de diez años, con un incremento que podría ser preocupante dado que, como recordaba Gata, son los más depreciados y los que menos kilómetros recorren: mala combinación para los intereses de los talleres.

De este modo, aseguraba que a día de hoy apenas el 39% del parque (de cero a diez años) genera el 67% de las reparaciones. Un panorama que en 2023 no será mucho mejor, ya que aunque se reducirá el peso de los vehículos de entre 10 y 15 años (del 30% actual pasará al 16%), crecerá significativamente el de más de 15 (del 30% de hoy al 42%), lastrando quizá aún más la traducción a euros de todos esos vehículos para un mercado de posventa actualmente de 13.600 millones: 4.350.000 euros generados por la carrocería y 9.288.000 por la mecánica.

Centrándose en la parte de la carrocería, que era lo que tocaba, exponía que “el 85% de lo que se paga lo pagan las aseguradoras”, haciendo a continuación un aporte interesante: “La tendencia que se está viendo ahora es un descenso de los ‘todoriesgos’ (21% de las pólizas) frente a un incremento de las franquicias. Y es algo que afecta mucho a los talleres, ya que cada vez tendrán más pagadores: ya no sólo la compañía, sino también el usuario”. Lo cual suponía para Gata una oportunidad y una obligación casi a partes iguales: “Se vende poco. Hay de comenzar a vender más al particular las cuestiones estéticas de los vehículos (reparaciones de no más de 600 euros)”.

“¿Hay futuro para el taller de carrocería?”, se planteaba el propio Gata. Y la respuesta era afirmativa: “En carrocería el mercado es estable y continuará creciendo moderadamente durante los próximos años”. Sin embargo, puede que las exigencias tecnológicas y formativas generen cierta ‘selección natural’. Lo que en Solera llevan llamando desde hacía ya varios años “la posventa darwiniana”.

Y terminaba poniendo el acento en la importancia de digitalizar y optimizar todos los procesos (hizo especial hincapié en los tiempos de estancia de los coches en el taller, en España, de media, demasiado largo), de hacer ‘pre peritaciones’ para poder negociar con datos reales (“hay que hablar el idioma de las aseguradoras”), y de llevar a cabo una correcta gestión del negocio para sacar el mayor rendimiento a cada una de las partidas por las que se factura: recambios (50% del valor de una peritación), mano de obra (38%: 22% chapa y 12% pintura) y material de pintura (12%).

El mercado, según el experto en posventa de Solera, tenderá a una reducción en el número de reparaciones (-23% en 2030 debido a la existencia de tecnologías como los sistemas ADAS), concentrándose por tanto el trabajo en cada vez menos actores: “Habrá menos reparaciones pero con mayor carga tecnológica y por tanto mayor coste. Sobrevivirán los que mejor se adapten, los que estén dentro de este nuevo ecosistema (‘marketplace’, lo llamó Gata) que se está generando desde ahora mismo”.