Ya queda poco

Pero la confianza está mina­da; y no lo entiendo. Es verdad que el sector acumula un des­censo en la facturación de ca­si un 30% desde el año 2008 y que durante el último ejerci­cio sumamos un 4,1% más a las caídas que ya vienen sien­do una costumbre. Mala cos­tumbre. Pero también es cier­to que deberíamos estar orgu­llosos de estar aquí; son mu­chos los que han caído: más de 7.000 talleres han cerrado y cerca de 14.000 profesionales han perdido su empleo… pe­ro nosotros seguimos aquí, ¿o no? Pues seamos positivos. Al­go hemos tenido que estar ha­ciendo bien para que con el tsunami que ha pasado por en­cima de nosotros aún sigamos en pie. Luchando mucho, sí, pero en pie.

Ahora es momento de anali­zar y ver qué puedo hacer yo por mi negocio. Las vacas gor­das se fueron para no volver; ahora solo hay prado para los que mejor sepan adaptarse. Ahí está la clave. La crisis nos ha enseñado muchas cosas. Hemos aprendido que bajar los precios para atraer clien­tes es ‘pan para hoy y hambre para mañana’, que la clave es saber vender mi taller y el va­lor de mi trabajo construyen­do una clientela fuerte, que confíe en mí y que me elija porque sepa que no hay otro mejor. ‘El que entra por pre­cio, sale por precio’, he oído muchas veces a lo largo de es­tos años. Y no hay verdad más verdadera, que diría el niño del anuncio. Hemos apren­dido también a dar valor a la gestión del negocio; que el ta­ller es una empresa y que se acabó aquello de funcionar por inercia. Eso ya no vale. La rentabilidad pasa por ser em­presarios y por gestionar co­rrectamente los recursos de mi empresa. Tengo que for­marme, invertir y estar al día. Cuidar mi imagen me ayudará a que mis clientes se encuen­tren un poquito más a gusto en su paso por mi taller; que, no olvidemos, nunca es un trance agradable. ‘Ir al taller es co­mo ir al dentista; solo que al primero vas sin anestesia’, me decía un amigo. Esa es la vi­sión que tienen los usuarios de la visita a nuestra casa; hagamos lo posible por cam­biarla, por informarles, dán­doles opciones y siendo trans­parentes… Por cuidar a nues­tro cliente, que al final es de quien vivimos.

Dicho esto también hay que reseñar que lo verdaderamen­te difícil ya está hecho: el nivel profesional en los talleres es­pañoles es muy alto. Los usua­rios confían en vosotros; a pe­sar de la crisis y del poco dine­ro que hay en los bolsillos espa­ñoles, la confianza sigue sien­do el valor más tenido en cuen­ta por los usuarios a la hora de elegir taller. Después viene el precio, vale; pero primero la confianza. Y la verdad es que no conozco muchos sectores donde la confianza en el profe­sional sea un aspecto tan valo­rado a la hora de decidir dónde me gasto mi dinero (quizá ahí también nos parecemos a los dentistas…). Llegar hasta aquí no ha sido fácil, claro que no, pero lo que es seguro es que ha­ber llegado es sin duda un buen indicativo de que algo se ha es­tado haciendo bien. Muy bien. Saldremos de esta, y los que ha­yan resistido la embestida de estos duros años de crisis serán mejores que antes, habrán evo­lucionado. Hay que seguir lu­chando, que la luz está cerca.

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